Personalidad Chilena en Juego

2018-10-01T19:14:42+00:0012 Septiembre, 2017|

Max Cano, CEO Mazicorp

Creo que tenemos un problema de visión. Parece que nos gustan las malas noticias para apuntar a los “culpables” con el dedo, pero eso es un error.

Cuando nos enfrentamos como país a una noticia negativa, como lo es la baja en la clasificación de riesgo de Chile emitida por S&P hace algunos días, en general lo hacemos desde una postura catastrófica, con la sensación de que hemos caído en nuestros valores a nivel mundial porque, al parecer, ya no somos tan buenos. Esto es bien típico de nuestra identidad nacional. Se genera así un malestar colectivo, donde nos tiramos al suelo a alegar por miles de factores que llevaron a esta condición y apuntamos con el dedo a quienes han liderado las variables macroeconómicas del país.

Tal vez en esta ocasión lo que debemos hacer es mirar este acontecimiento como una oportunidad. Aprovechar esta coyuntura para dejar de creernos tan buenos y pensar en volver a ciertos principios de humildad propios de un país que busca ser mucho más maduro.

S&P argumentó que el bajo crecimiento económico ha impactado los ingresos fiscales, lo que ha sumado una fuerte presión social por elevar el gasto en programas sociales, contribuyendo al incremento del endeudamiento y al aumento de la vulnerabilidad externa. Esto puede ser complejo. ¿Pero con qué personalidad asumimos el desafío? Debe ser una que busque que el crecimiento sea un objetivo común, con datos reales para reducir la incertidumbre, incluyendo la mirada de externos con visión y cultura global, no sólo económica, sino más bien social y con mucha política. Aunque no nos guste, estas son decisiones políticas, el poder al servicio de los objetivos comunes.

Varios han sido los países que se han enfrentado a una baja de calificación, como por ejemplo EEUU en 2011 que cayó de AAA a AA+. ¿Qué pasó en lo inmediato? Experimentó una fuerte caída en los mercados –iban a la baja y el Downgrade lo catalizó-, aumentó el desempleo (el peor en 30 años), y se inició una discusión político-económica que impedía el repunte de los mercados y la actividad económica.

¿Se deprimieron los gringos? No. Al poco tiempo se verificó que no hubo efectos visibles, no se afectaron las tasas de consumo o créditos hipotecarios. Por el contrario, el consumidor se vio beneficiado porque ambas tasas bajaron a niveles históricos y además el país ordenó sus finanzas y redujo su deuda.

¿Qué pasa en nuestro país? Los credit default swaps de Chile (CDS), uno de los instrumentos que permiten medir la percepción de riesgo de un país a nivel internacional, no han sentido el impacto de la rebaja. Antes de que S&P informara de su decisión, los CDS de Chile a cinco años operaban en el nivel de los 64 puntos base. Al día siguiente, avanzaron levemente hasta los 66 pb., para luego volver a retroceder hasta los 65 pb.

Tampoco se ha observado un efecto en los precios de los bonos en el extranjero. El avance más grande fue un aumento de 28 centavos de dólar en el bono a septiembre de 2035 de Codelco, quedando en US$114,04, mientras que la caída más dramática fue de sólo 17 centavos de euro en el papel a julio de 2032 de BancoEstado, que lo dejó ubicado en los 91,99 euros. Las tasas y los spread de estos instrumentos también se han mantenido estables desde el anuncio.

¿Qué sucede entonces? Simplemente creo que tenemos un problema de visión. Parece que nos gustan las malas noticias para apuntar a los “culpables” con el dedo, pero eso es un error. Nuestra personalidad va mucho más allá del corto plazo, del exitismo, ya que somos un país que es capaz de construir y crecer.

Por eso es también relevante mirar el tema desde un enfoque reputacional. Jorge Hernández, sociólogo chileno experto en estas materias, señala que “construir la reputación del futuro es forjar carácter y personalidad real”. Ahí es donde está lo clave, en lo real. Parece que nos cuesta observar con criterios de realidad y desde ahí encontrar puntos positivos, para poder avanzar y no sólo quedarnos en lo que no nos gusta.

Si no miramos la personalidad chilena real como un objetivo clave de proteger, aunque sea necesario replantearla, nos costará mejorar el ánimo. Hace años nos creíamos buenos para el fútbol, pero no lo éramos. Ahora lo somos y lo disfrutamos. Si perdemos es con calidad y personalidad. Lo mismo debemos pensar como sociedad. Construyamos un buen equipo y disfrutemos, no apuntemos a los errores.

La personalidad se construye de los problemas y los errores, pero no podemos tener una que sea común para todos de forma negativa.

Fuente: Revista Capital